Historia

Situado en el centro de la provincia de Guadalajara, el término de Moranchel se extiende a lo largo y ancho de una deliciosa vega del curso medio del río Tajuña, comprende numerosos cerros y los valles que forman dos arroyos de cierta importancia, abarcando en total una superficie aproximada de 13,8 km2.

Desde los orígenes del pueblo, la agricultura, complementada con la ganadería, ha sido la fuente de recursos de las gentes que han poblado Moranchel.

Como tantos otros pueblos de la Alcarria, Moranchel y sus alrededores debieron ser zona de asentamientos humanos desde tiempos remotos, sin embargo, con certeza sólo sabemos que Moranchel ya existía mucho antes de concluir el siglo XII, al aparecer citado en la creación del arciprestazgo de Cifuentes con el nombre de Moranchiel.

Es más que probable que la repoblación de Moranchel tuviese lugar tras la reconquista definitiva de esta parte de la Alcarria por el rey Alfonso VII a mediados del siglo XII, quedando bajo la jurisdicción del común de villa y tierra de Atienza. En 1434 la reina María de Aragón, esposa de Juan II de Castilla, segregó gran parte de la tierra de Atienza, incluido Moranchel, para dársela en dote a su doncella, María de Castilla, al casarse con Gómez Carrillo. En 1525 el cuarto conde de Cifuentes, Fernando de Silva, adquirió Moranchel y El Sotillo a Gil de Andrade por la suma de dos millones de maravedíes. Varios años más tarde, en 1545, el emperador Carlos I otorgó facultad al conde de Cifuentes para acrecentar su mayorazgo, al que se incorporó Moranchel. Los derechos señoriales sobre Moranchel fueron cambiando de manos al tiempo que lo hacía el mayorazgo en la línea sucesoria de la casa de los Silva hasta 1620, en que por avatares de la historia pasó a la jurisdicción de los Duques de Pastrana, cuyo título terminaría uniéndose a la casa del Infantado, en la que permaneció hasta la abolición de los señoríos.

Ya en el siglo XX lo más destacable fue la guerra civil, que en Moranchel se vivió con gran sobresalto debido a su proximidad a la línea de frente durante la mayor parte de la contienda. Todavía se aprecian con claridad las trincheras y los antitanques del Cerrillo del Moro y de la Vega, ejecutados con el fin de reforzar la margen izquierda del Tajuña.

PATRIMONIO

Moranchel es un pueblo pequeño que se extiende sobre la ladera del cerro que corona el Pico de la Torre, verdadera seña de identidad del pueblo. La mejor perspectiva del pueblo se obtiene ascendiendo al Cerro de la Horca, a la izquierda del camino de entrada, donde al parecer en tiempos ajusticiaban a los condenados a muerte.

Desde esta altura el pueblo presenta un aspecto compacto, apiñado a los pies del cerro y con un rudimentario esquema o trama urbanístico que no sobrepasa el centenar de casas, destacando sobremanera el edificio de la Iglesia parroquial, dedicada su advocación al Dulce Nombre de Jesús, la cual presenta una fábrica de mampostería con remate de sillar en las esquinas, donde casi la totalidad de su fábrica se remonta a finales del siglo XVIII, después de sufrir un incendio que redujo todo a cenizas, teniendo que reconstruirse desde los cimientos. Resulta una obra sencilla donde se remata el conjunto con la espadaña, de estructura barroca, situada sobre el muro de poniente, con hueco para dos campanas, aunque en la actualidad sólo cuenta con una, quedando el campanil y una de las campanas destruido durante la guerra civil. El interior lo conforma una sola nave, de tres tramos, cubierta con bóveda de medio cañón con lunetos; la cabecera es recta y el coro aparece en alto a los pies de la iglesia; guarda en su interior la pila bautismal de piedra, siendo quizá lo más antiguo que se conserva. El templo contiene imágenes sencillas, adquiridas recientemente, debido a que durante la guerra civil fueron quemados "todos los santos". En el exterior, empotrada en el muro de la sacristía, se conserva una estela discoidea, cuya probable datación se remonte al siglo XIII.